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22 de marzo – Día Mundial del Agua

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Hablar del agua es hablar de salud. Otros años remarcamos en este día la necesidad de afrontar el reto de llegar con redes de agua potable y saneamiento al mayor número de países, en definitiva, al mayor número de población mundial.

Este reto sigue tan vigente como necesario, no puede haber treguas, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas marca metas concretas ya repasadas en otras ocasiones por este blog para garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos. Este esfuerzo debe continuar.

Sin embargo, este reto tan ambicioso se encuentra ahora con un impedimento que nadie esperaba, una guerra biológica a nivel mundial con un enemigo común e invisible que obliga a cubrir objetivos repentinos. Hay que repartir la capacidad de recursos para velar por las soluciones.

El coronavirus Covid-19 ha venido sin previo aviso, o quizá sí, porque si miramos al mundo y su trayectoria, en Asia oriental, China y Corea, entre otros, tuvieron lamentablemente un tiempo real y limitado de reacción sobre los acontecimientos de salud pública en sus países. Sin embargo, a partir de esos momentos el resto del mundo estaba en sobre aviso.

En mayor o menor medida la reacción de respuesta del resto del mundo ha sido a nuestro entender despreocupada, lo que se ha tornado en lentitud de gestión. La Salud Pública está por encima de todo estado o régimen político y se constituye a nuestro entender, en el primer derecho humano.

La propagación se ha demostrado acelerada en este mundo globalizado que ha hecho multiplicar los casos de enfermedad de este virus en el resto del continente asiático y en Europa sobre todo, de manera espectacular en muy poco tiempo. Hay más 185 países afectados. Es muy probable que pronto se encuentre en una situación similar del crecimiento de contagios en el continente americano y otros rincones del mundo; Estados Unidos ya es a día de hoy el tercer país en número de contagios. La epidemia se ha convertido en una pandemia y debemos aprender como sistema de este hecho que podría repetirse en el futuro. El enemigo no distingue, sólo infecta, muta e infecta, y una vez más infecta. Se propaga silenciosamente.

Lo urgente en estos momentos es tomar todas las medidas correctoras para erradicar los contagios y la propagación. Lamentablemente, mientras no haya un remedio bioquímico, la solución pasa por estrategias de adopción de patrones de comportamiento a nivel social que se hace verdaderamente complicada, pero no hay otra salida en el punto en el que estamos, el confinamiento. En este sentido, esta semana China ha anunciado el cambio de tendencia en la curva de contagios y está esperando confirmar esta tendencia definitivamente.

Paralelamente, debemos apoyar a toda la comunidad clínica y sanitaria para ir solucionado a la carrera y a destajo los casos de positivos que diariamente se van presentando. Son un colectivo de verdadera importancia en este momento tan crítico que dedican al cien por cien todos sus recursos, sobretodo humanos, ya que faltan medios materiales, para frenar este grandísimo problema de salud pública.

No podemos olvidar tampoco a los profesionales que hacen posible ese aislamiento social, entre fuerzas de seguridad, transportistas, personal de comercios alimentarios y de primera necesidad, farmacéuticos, personal de limpieza, personal portuaria y aeroportuaria, etc. En una palabra, todos los organismos y entidades públicas y privadas, que prestan sus servicios para que la maquinaria no se pare.

Estamos en un mundo distinto a partir de ahora, nos estamos enfrentado a un enemigo invisible y silencioso, causando víctimas. Los radares de esta guerra se conforman en la comunidad científica para encontrar el antídoto o la vacuna. Estados Unidos y China ya están avanzando la prueba de fármacos en humanos, aunque no se espera una vacuna fiable a corto plazo, en esta ocasión todos esperamos que estas previsiones estén equivocadas y se acorten los plazos. Nadie había pensado en una guerra biológica a nivel mundial en el siglo XXI.

Es una crisis nueva que debemos apuntar en nuestros planes de futuro y desde aquí aporto la necesidad de incrementar las partidas de investigación y educación a nivel global que permita estar preparados con mayor grado. Todos los países desarrollados tienen este compromiso moral con la población mundial, y no debería ser puntual por la proximidad de esta crisis cuando la superemos, sino continuo y creciente. Para ser justos hay países ya involucrados, pero no son suficientes.

En estos días de sinsentido, críticos para la humanidad, he recordado a uno de mis profesores, que no sólo nos enseñaba bioquímica de manera tan didáctica como eficaz. Nos enseñaba a la vez de tan especialista disciplina conjugando otras mucho más amplias en plena clase universitaria de ciencias, ética, civismo, solidaridad, desarrollo tecnológico, medio ambiente y economía entre otras.

Hablando de ciencia y sociedad del futuro (de plena actualidad hoy):
«Si el hombre es capaz todavía de utilizar los medios a su alcance con sabiduría, el futuro no será una fatalidad, sino una consecuencia, porque el hombre es autor, debe ser autor de su futuro, y el futuro debe ser en buena medida invento del hombre; es decir, el hombre debe configurar, gracias precisamente al dominio del conocimiento, su propio devenir«. Mañana siempre es tarde. Federico Mayor Zaragoza.

Efectivamente mañana siempre es tarde. En conclusión, si no queremos otra fatalidad en tiempos de paz, cuando esta guerra termine necesitaremos la voluntad de quien nos gobierna para destinar recursos económicos planificados en partidas presupuestarias reales, acuerdos nacionales e internacionales,  a educación, apoyo a universidades, investigación y desarrollo tecnológico a nivel global.

Terminamos como empezamos este artículo, hablar del agua es hablar de salud.

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